sábado, 27 de enero de 2007

Adiós chiquita...

Ya lo sabemos...
Eso es lo que nos espera tarde o temprano.
Un día, todo lo que amamos puede fugarse por el desague de la ducha; o simplemente, morir de soledad e impaciencia, en algún rincón oscuro y húmedo.

¿Alguna vez te conté la historia de aquella niña?
Ella me habitaba, me llenaba y me consolaba en aquellas noches frías. En esas noches en las que el alma sólo quiere el calor de una sonrisa.
Su fuego interno me poseía. Ella era mía.

Si la buscaba, ella aparecía.
Me miraba.
Me escuchaba.
"Aquí estoy" me decía.
Cuando miraba el cielo, la sentía.
Su sonrisa iluminaba mi día.
Sí, así te quería...

Ahora sólo puedo ver partir tu cuerpo, tu alma, tu sonrisa...
Recordar que yo te dí la vida...
¿Cómo pude dejar que murieras presa de mi descuido?
No me dejes...
Tú solo pedías más vida; más tiempo.
Yo no supe ser para tí lo que la vida me exigía.

Ahora sólo lloro y rezo.
Enmudezco frente a tu tumba pálida y tu cuerpo inerte.
Hija mía, ahora sólo nos separan tres metros...
Mañana...
Será el cielo...

1 comentario:

Erick Mauricio Linqui dijo...

Hola Mariposa, te dejo este comentario por que no he tenido la dicha de comunicarme con vos directamente.

El escrito está bastante bueno y solo te pude hallar un error en la parte "Recordar que yo 'te día' la vida..." que supongo que quisiste poner "yo te di". Corrígeme si no es así, fuera de eso el escrito es buenísimo... Keep up the good work!!!.

Ciao preciosa