jueves, 5 de abril de 2007

I

No necesito vitaminas para el cerebro.
Lo sé porque no soy muy sensata, lógica, ni práctica. Mucho menos normal.
Sin embargo, siempre he sentido como las neuronas se asesinan unas a otras.
Siento como los impulsos psíquicos se drogan, para soportar la borrachera de un día más.
Germinan dentro de mí plantas de coca, a las cuales abono con piedras de crack que compré en el supermercado.
(He de mencionar que me estafaron, porque en el mercado estaban a dos por la cora)

Tengo pensamientos suicidas. Algunos de ellos se empapan de gasolina para luego lanzarse contra las ideas fugaces y chispeantes, que constantemente transitan por el free way de mi mente.
Otros más locos han estudiado un doctorado con Osama Bin Laden.
Ellos son más elevados: Ingieren explosivos y etanol, para luego preparar dudas-bomba, que colocan en el lugar más vulnerable de mi cuerpo, mi corazón.

Existe una batalla campal en mi cabeza.
En mi ser.
No poseeo una mente kamikaze, salvo en algunas épocas del año.
Es decir, un día como hoy.

Muchas otras veces, hay fiesta.
Los pensamientos se casan entre sí, engendrando suspiros y recuerdos.
Se celebran bautizos de los pequeños rasgos de lucidez que suelo tener.
Más de alguno cumple años y realiza tremeda pachanga con payasos, música y globos.
La gran mayoría son eruditos y se la pasan leyendo las sensaciones de mi hemeroteca.
Los más matados se la pasan en la biblioteca investigando mi alma; mi origen.

Existe un pensamiento acelerado que en esos días le da por andar suelto.
Éste es un loco nato y eléctrico que busca siempre endulzarle los oídos a los sentimientos.
Un eterno seductor y fabulador.
Romántico incurable que cae en lo cursi y delirante, en su deseo de sentir siempre más.
Pastelero hasta lo último, más no pajero.
No es más que un pobre iluso que da todo lo que su esquizofrenia le permite, por un puñado de amor.
Suele ser el más peligroso, por eso se mantiene encarcelado en el lugar más seguro de mi cuerpo, mi corazón.

Es casi lo mismo..
Hay un caos que mantiene el equilibrio de mi locura.
Una eterna democracia que termina en anarquía.
Fiesta en la que se sirve horchata de llanto.
Nostalgia que revive en la medida que la olvido.
Recuerdos que piden ser presente.
Un presente que no quiere ser nunca un recuerdo.
Algo que siente y vive, 24 horas al día, los 7 días de la semana y los 365 días del año.
(Incluyendo las horas extras)

Soy yo.

Ahora pregunto, ¿Aún me quieres a tu lado?